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Imagen: Julia Boldt. Fuente: Pixabay.
Imagen: Julia Boldt. Fuente: Pixabay.
Un niño se mudó a una casa de montaña con su familia. El día que llegó, se puso a desempaquetar las cosas, y se dio cuenta de que su muñeco favorito no estaba en las cajas. Se pasó casi todo el día buscándolo, pero no lo encontró, y al final se fue a dormir.

A las dos de la madrugada se despertó para ir al baño y, cuando volvió a la cama, se percató de que había un brillo verde y una silueta extraña en el cristal de la ventana.

Se acercó, y entonces la silueta se giró hacia a él. El niño se asustó tanto que volvió a la cama corriendo, para esconderse debajo de las sábanas. Durante el resto de la noche ya no pudo dormir del miedo que sentía.

A la mañana siguiente, le contó a su familia lo que había visto, pero su padre y su hermana mayor no quisieron escucharlo. Además, su madre lo regañó por intentar meterles miedo. Así que el niño preparó su teléfono para grabar cualquier cosa que apareciese en la ventana esa misma noche, y esperó a que la silueta reapareciera. Sin embargo, nada ocurrió.

Por la mañana se planteó si lo que había visto había sido un sueño o una pesadilla. Pero por la noche, cuando estaba durmiendo, empezó a oír golpecitos en la ventana. Esta vez decidió ignorarlos, pero cada vez eran más frecuentes y sonoros, por lo que al final decidió mirar hacia la ventana. De nuevo, allí estaban el brillo verde y la extraña silueta.

Esta vez el niño se asustó tanto que se orinó encima. Entretanto, la silueta levantó la mano como saludándole, y le sonrió, a él le pareció que de una forma siniestra. Entonces el niño reaccionó y corrió a avisar a sus padres. Pero, cuando estos fueron a la habitación, ya no quedaba ni rastro de la visión. Los padres, enfadados, castigaron al niño sin salir ni jugar durante una semana.

Por la mañana, el niño tapó con sábanas la ventana para no volver a ver nunca la silueta. Pero por la noche, mientras dormía, algo empezó a tocarle la cara. El niño abrió un ojo y vio su habitación totalmente cubierta por una luz verde. La extraña silueta se había sentado a su lado.

Quedó paralizado, mientras esta se le acercaba cada vez más. Le rogó en voz baja que por favor no le hiciera nada. Entonces la silueta extendió la mano y le entregó un muñeco, el que días atrás el niño había perdido. Con un hilo de voz, el niño le dio las gracias y, en un parpadeo, la figura y el brillo desaparecieron. Nunca más volvieron a la casa de la montaña. 


 

Redactado por Álvaro Lama el Lunes, 26 de Febrero 2018 a las 10:19 | Comentarios
Garcilaso. Soneto XIII

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu'el oro escurecían;

de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo 'staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

COMENTARIO

Métrica: Garcilaso de la Vega ha utilizado en este poema la estructura métrica del  soneto, poema estrófico de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. La rima es consonante y su distribución es la siguiente: ABBA/ ABBA/ CDE/ CDE.

El soneto es una forma métrica italiana que fue traída a España por primera vez por el Marqués de Santillana en sus Sonetos fechos al itálico modo; sin embargo, no será hasta el siglo XVI cuando la forma se imponga en España, gracias a Juan Boscán y a Garcilaso de la Vega.

Contenido mitológico:

Se recrea un episodio de las Metamorfosis de Ovidio. La utilización de los mitos es uno de los motivos recurrentes en la poesía castellana renacentista. Apolo, dios de las artes y la música, se burla del dios del amor, Eros, y le dice:

“Dime, joven afeminado: ¿qué pretendes hacer con esa arma más propia de mis manos que de las tuyas? Yo sé lanzar las flechas certeras contra las bestias feroces y los feroces enemigos. Confórmate con que tus flechas hieran a gente enamoradiza y no quieras competir conmigo.”

Enfadado, Eros coge dos flechas, una de oro y otra de plomo. La de oro incitaba el amor, la de plomo incitaba el odio. Con la flecha de plomo dispara a la ninfa de los árboles (dríade) Dafne, y con la de oro dispara a Apolo en el corazón. Apolo se enamora así de Dafne, pero ella lo aborrece.

Dafne es perseguida por Apolo. Durante la persecución, implora ayuda a su padre, el dios río Ladón, y, como cuenta Ovidio: “Apenas había concluido la súplica, cuando todos los miembros se le entorpecen: sus entrañas se cubren de una tierna corteza, los cabellos se convierten en hojas, los brazos en ramas, los pies, que eran antes tan ligeros, se transforman en retorcidas raíces, ocupa finalmente el rostro la altura y sólo queda en ella la belleza”.

Como ya no la podía tomar como esposa, Apolo promete a Dafne que la amaría eternamente como su árbol, y que sus ramas coronarían las cabezas de los héroes. Apolo empleó sus poderes de eterna juventud e inmortalidad para que siempre estuviera verde.

Tema y estructura:

El tema del poema es el amor imposible, inalcanzable, que provoca en el amante un dolor muy intenso. Garcilaso ha descrito en los dos cuartetos el proceso de transformación de la ninfa Dafne en árbol y ha reservado los tercetos para expresar el sentimiento de dolor que experimentaba el desconsolado Apolo. Establece paralelismos entre las formas humanas y las arbóreas: brazos/luengos ramos; cabellos/verdes hojas; tiernos miembros/áspera corteza; blancos pies/torcidas raíces.
 
También hay hipérbatos (figura retórica en la cual se altera la sintaxis habitual de una oración, principalmente con fines métricos o de énfasis), con los que Garcilaso pretende mostrar la violencia que supuso la transformación de la ninfa en árbol: “A Dafne ya los brazos le crecían”, en lugar de: “Los brazos ya le crecían a Dafne”.

En el texto es importante la adjetivación, que hace contrastar la naturaleza humana con la del árbol: “verdes hojas”, “cabello rubio” (tópico de la dama renacentista); “tiernos miembros”, “blancos pies” (la dama es frágil y bellísima, lo que aumenta la violencia de la transformación). Estos adjetivos contrastan con “torcidas”, “ásperas” y aumentan la tensión del texto.

Transformación progresiva. Se alude de manera perifrástica al dios Apolo (“Aquel que fue la causa de tal daño”) y a cómo al ver convertida en laurel a su amada, llora desconsoladamente. Sus lágrimas, al caer al suelo, riegan la planta, por lo que ésta crece con rapidez.

En el segundo terceto, el poeta se hace eco del dolor del personaje mítico y proclama emocionalmente la intensidad de su sufrimiento amoroso. El mito pasa a tener valor universal y personal: el sufrimiento amoroso es inagotable porque el dolor hace surgir de nuevo el dolor, igual que las lágrimas de Apolo hacen crecer el árbol en que se convirtió Dafne.

Más información:

https://lclcarmen3.wordpress.com/literatura-3/unidad-5-y-6-la-literatura-renacentista-espanola/garcilaso-de-la-vega-fans-club/comentario-de-un-texto-renacentista/
https://culturacolectiva.com/arte/la-verdad-detras-de-el-beso-de-gustav-klimt/
https://es.wikipedia.org/wiki/Apolo_y_Dafne
https://es.wikipedia.org/wiki/Dafne

 

Redactado por El astrolabio el Lunes, 19 de Febrero 2018 a las 11:46 | Comentarios
En 1940, con once años, Ursula Kroeber envió un relato a la revista Astounding Science Fiction. Fue rechazado. La niña siguió escribiendo durante los siguientes diez años; toda su preadolescencia, adolescencia y primera edad adulta, pero no volvió a intentar que la publicasen. En 1953, recién licenciada en Literatura Francesa e Italiana por la Universidad de Columbia, la joven obtuvo una beca Fulbright para continuar sus estudios de doctorado en Francia. Realizó el viaje a Europa en el Queen Mary. Allí conoció al historiador Charles Le Guin, con quien se casaría ese mismo año en París.

Tras la boda, Ursula adoptó el apellido de Charles aunque siempre conservaría la «K» inicial de su familia.  A su regreso a Estados Unidos, él continuaría sus estudios de doctorado; ella los abandonaría para dedicarse a contar historias.

En la década de los sesenta, y pese a que consiguió publicar varios relatos, Ursula K. Le Guin aún no tenía agente, así que contactaba ella misma con las editoriales. En 1968 envió un manuscrito de casi trescientas páginas a Terry Carr, editor de la recién creada Ace Books, especialista en libros de fantasía y ciencia ficción. Como «Terry» era un nombre decididamente andrógino, Le Guin asumió que se trataba de una mujer y comenzó su carta de presentación con «Estimada señorita Carr». El error de género importó poco al editor porque tenía delante algo como no había leído jamás. Compró el manuscrito inmediatamente y lo publicó a principios de 1969. La novela se llamaba La mano izquierda de la oscuridad y el primer párrafo comienza así:

Haré mi informe como si contase una historia, pues tal y como me enseñaron en mi mundo natal, la Verdad es un material de la imaginación. El hecho más sólido puede fallar o puede prevalecer según se relate: como la joya orgánica de nuestros mares, que brilla cuando la lleva puesta una mujer, pero se desgasta, se embota y se convierte en polvo cuando la viste otra. Los hechos no son más sólidos, coherentes, rotundos y reales que las perlas. Pero ambos son sensibles.

La narrativa es el único dios verdadero de la especie humana. Comprendemos el mundo con narrativa. De hecho, construimos el mundo con narrativa porque pensamos en narrativa. En historias. Toda la civilización y todas las civilizaciones se han generado y estructurado a través de las historias que nos cuentan y, sobre todo, de las que nos contamos a nosotros mismos. Y las historias se articulan mediante mecanismos, algunos muy poderosos. Quizá el más poderoso sea «por tanto»; establece la relación capital entre la causa y la consecuencia, afirma sin fisuras que todas las cosas suceden por algo. Saber que la realidad no es una amalgama caótica sino un conjunto de patrones nos tranquiliza, nos acomoda en medio del territorio no mapeado de la existencia. «Por tanto» nace en el embrión de cualquier sistema lógico de razonamiento y, por tanto (por tanto), es la máquina perfecta para pensar. Durante casi seis décadas de producción literaria, Ursula K. Le Guin exploró esa máquina porque supo, desde el primer párrafo de su primera novela publicada, que, al despojarla de fisuras e impurezas, la narrativa se podía convertir en un pilar capaz de sostener cualquier mentira. Aunque la mentira fuese la propia civilización.


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Redactado por El astrolabio el Viernes, 16 de Febrero 2018 a las 09:29 | Comentarios
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Yaiza Martínez
Yaiza Martínez
En este blog se publican los textos escritos por las alumnas y alumnos del Taller de Escritura de El astrolabio. También comentamos libros y noticias que nos interesen, y publicamos información sobre las Sabias y los Sabios de cada mes. En definitiva, aquí anotamos todo lo que nos parece que brilla.


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