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A la caza de los gamusinos, por Lola Arroyo

Sábado, 26 de Enero 2019

Tomás, Falete, Güily, Rafa, Sierri, Loles y Antonio conformaban un grupo de amigos de entre dieciocho y diecinueve años; una pandilla siempre con ganas de reír y de divertirse.  
     
Por aquel tiempo solían reunirse en el Paseo o en la calle Santa Ana, en casa de mis padres, donde yo vivía con mis padres, mi hermana Sierrita, su marido y sus hijas Mari y Sierri, que como he dicho pertenecía a la pandilla.

Allí estaban una tarde esperando que llegaran mis hijos,  Loles y Antonio, con sus primos franceses Louis y Poupée. Un poco más tarde llegó Robert, un sueco de madre egabrense. Una vez que estuvieron todos, a Tomás se le ocurrió la siguente idea: ir una noche a su huerta, a  cazar gamusinos. Todos dijeron que sí, y Louis preguntó:

 –¿Qué son los gamusinos? 

 –Son unos animalitos parecidos a los topos, que solo salen por la noche y se les suele ver porque a veces les brillan los ojos. En esa parte de los olivos suelen salir -le contestó Tomás. Falete va y dice:

 –¡Y fritos están riquísimos! 

Mi hermana, a la que también le gustaba la guasa, añadió:

 –Una vez que los tengáis cazados, me los dais para que yo los prepare y al día siguiente los fría, bien sazonados. 

Louis, que era muy pillín, se dio cuenta de que algo había de extraño en aquella historia, al ver como unos y otros se sonreían, pero se calló. Al siguiente día le preguntó a un familiar que qué eran los gamusinos, y el otro le contó la verdad. Louis no dijo nada a su hermana ni a Robert. Pero tampoco avisó a los demás de que ya sabía de qué iba la cosa.

Llegó la noche de ir de cacería y se fueron a la huerta de Tomás, que les dio unos sacos para meter los gamusinos que cazaran. Comenzó la cacería, y pasado un rato se oyó decir a Güily:

 –Ya tengo uno.

 –Yo llevo dos  –aseguró Falete. Rafa añadió:

 –Pues yo tengo cuatro.

Los demás aseguraron que ellos también habían cazado, aunque en realidad lo único que habían ido metiendo en los sacos eran terrones de tierra. De pronto, Robert dijo:

 –¡Mirad en ese olivo! ¡Ahí hay uno al que le brillan los ojos!

Todos se fueron a mirar. Poupée y Robert iban con los ojos muy abiertos, asombrados ante lo que estaba ocurriendo. Los demás se estaban aguantando la carcajada. Louis, por su parte, iba preguntándose que qué sería lo que habían tramado. De pronto, Tomás se bajó del olivo exclamando:

 –¡Ya no podía aguantar más, me estaba asfixiando de tanto dar caladas a los dos cigarros que tenía en la boca!

Todos, incluido Louis, rompieron a reír y les explicaron a los forasteros que lo ocurrido era una broma que se solía hacer cuando llegaba un forastero al pueblo. Louis confesó:

 –Yo ya lo sabía porque pregunté a un familiar y me lo dijo. Lo que pasa es que no se lo dije a mi hermana ni a Robert y tampoco a vosotros.

Poupée, enfadada, le dijo a su hermano:

 –¡Y tú en vez de enfadarte te ríes!

 –¡Porque me ha hecho mucha gracia lo de Tomás!  –se defendió Louis.

Poupée comenzó a hablar en francés con mucho genio y, como no entendían lo que decía, los demás le preguntaron a Louis:

 –¿Qué dice tu hermana?  –Louis les contestó:

 –Es mejor que no lo traduzca...

Robert, que se había creído lo de los gamusinos a pesar de todo sentenció:

 –Lo que pasa es que vosotros no queréis que yo los coma  –y se marchó muy enfadado.                                                                        
 
Lola Arroyo

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Yaiza Martínez
Yaiza Martínez
En este blog se publican los textos escritos por las alumnas y alumnos del Taller de Escritura de El astrolabio. También comentamos libros y noticias que nos interesen, y publicamos información sobre las Sabias y los Sabios de cada mes. En definitiva, aquí anotamos todo lo que nos parece que brilla.