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​Una historia verdadera

Miércoles, 29 de Marzo 2017

Relato de Mercedes Ortiz.


Mercedes Ortiz.
Mercedes Ortiz.
David  era un joven estudiante amante de la naturaleza, de carácter alegre y feliz, al que le gustaba mucho pasear por el parque más importante de Cabra, ciudad de la provincia de Córdoba.
 
Era este parque amplio, de estilo románico, y en él predominaban los castaños de indias, los tilos, los  plátanos de sombra, las falsas acacias, los laureles, los olmos de holanda, los álamos, etc. Había sido construido en 1848 por iniciativa de Don José Alcántara Romero. Al principio se llamó Parque Público, hasta que en 1897 se le dio el nombre de su creador, Alcántara Romero.
 
En sus paseos, a David le llamaba la atención el guarda del parque, vestido con uniforme. Caminaba con su bastón, porque era cojo. En ocasiones, se le veía corretear tras los chiquillos que se metían en los jardines y estropeaban las plantas. Los niños le hacían entonces burla al guarda que, al no poder alcanzarlos, les revoloteaba el bastón para que salieran del jardín. Naturalmente, nunca llegó a dañar a ninguno.
 
Un día, David salió en defensa del guarda y amonestó a los críos. Aprovechó entonces la ocasión para saludar al hombre y presentarse:
 
–Me llamo David Jiménez y estudio en el Instituto Aguilar y Eslava, que está aquí cerca. Por eso me vengo aquí en el recreo. Me gusta la naturaleza y me siento a gusto paseando por aquí.
 
–Bueno, David –le contestó el guarda –, yo soy Domingo Arroyo, y como verás soy el guarda de este parque. También me siento a gusto con mi trabajo; procurando que estos chiquillos traviesos no estropeen los jardines.
 
Así fue como, a pesar de la diferencia de edad, comenzó una sincera amistad entre Domingo y David. Hablaban de la naturaleza, de cómo cambiaba cada planta, de la luz que el parque tenía en cada cambio de estación. Siempre que sus clases se lo permitían, David se acercaba hasta el parque para charlar con su amigo Domingo. Uno de esos días, el chico se atrevió a indagar en la causa de la cojera de Domingo. Le dijo:
 
–Domingo, desde que te conozco nunca te he preguntado por tu cojera, por miedo a que te molestaras…

–Nada de eso David, no te preocupes, no me moleta. Tampoco me importa contarte a qué se debe. Si te interesa, te contaré incluso lo que viví en mis años jóvenes y mi trayectoria durante la guerra civil. ¡Sí que me gustaría!
               
»Yo nací en Cabra. Mis padres fueron José y Dominga Gregoria. Eran humildes y sencillos trabajadores agrícolas; de pequeño también yo trabajaba en el campo. Verás, me encontraba haciendo el servicio militar, como los jóvenes de aquella época en la que que era obligatoria hacer la mili. Yo estaba en el Cuartel de Infantería de Zaragoza, de la quinta del 35. Pero tuve un permiso y me vine a Cabra para tres meses. En ese tiempo, aproveché para trabajar en las faenas del campo, como era habitual. Pues bien, estaba trabajando en una finca que llaman Villanueva, y desde allí pasé a Baena, con los  mismos dueños de la finca. Y, estando en Baena, ¡estalla la Guerra Civil!

»Baena era problemática por las ideas políticas que allí bullían. Se formaron entonces grupos armados que empezaron a parar a todos los que salían del pueblo. Estos grupos se pusieron a vigilar carreteras y caminos, y de repente resultaba muy difícil salir de allí. Como yo aún estaba de servicio militar, se me aconsejó que me presentara en Cabra a cumplir con mis obligaciones. Como temí llegar hasta aquí por carretera, por si me paraban, decidí venirme   campo a través. ¡Te puedes imaginar como llegué a mi casa, sudoroso y cansado!
Después de una ducha y algo de descanso por consejo, mi padre me acompañó y me presentó al Capitán de la Guardia Civil, que por aquel entonces era Don Francisco López Pastor, capitán Patiño. Él me ayudó a incorporarme al Cuartel de Córdoba,  y de allí pasé al frente, en el que combatí durante tres meses.
               
»Pues bien, uno de esos días de combate nos acosaron. Entonces se dio la orden de retirada. Se me ocurrió pararme  a quitarle algunas piezas  a las armas para que no pudieran  ser utilizadas por los del frente contrario, acción por la que más tarde fui felicitado.  Poco después, me alcanzó una bala. El tiro me entró por el cuello y me afectó la médula. Quedé inmóvil desde las doce de la noche hasta la mañana siguiente, que fueron recogiendo heridos y retirando muertos. Como no podía moverme, al llegar a mi altura y ver que no me movía, los que recogían a la gente dijeron este está muerto. Pero yo estaba consciente y les contesté  hombre, llevadme con vosotros a ver si me podéis salvar, que no estoy muerto. Por si esto fuera poco, cuando nos dirigíamos al Hospital de Córdoba, nuestro convoy  fue bombardeado. A pesar de ello, logramos llegar a la ciudad...

–¡Qué barbaridad, Domingo! –exclamó David- ¡Y qué pena que no me pueda quedar más rato! Tengo que continuar con las clases y se me  ha pasado la hora del recreo. Me tengo que ir, pero prométeme que continuaremos el próximo día con tu historia.
 
–Naturalmente que sí, David –respondió Domingo.
 
Pasados unos días, David  volvió.
 
–Buenas Domingo, los exámenes me han impedido venir antes. Estaba deseando volver para que continuaras contándome tu historia.

–A ver, dime por donde nos quedamos… –contestó Domingo.

–¡Llegaste al Hospital de Córdoba! –exclamó David. Domingo continuó diciendo:
 
–Bien, en Córdoba estuve unos tres meses, pero no mejoraba, y por eso los médicos decidieron trasladarme a Sevilla. En este traslado también fue bombardeado el tren, pero de nuevo tuve la suerte de poder llegar a mi destino. Ya en Sevilla, aunque fui mejorando, seguía sin movilidad.
               
»Un  día, los médicos decidieron levantarme para ver si moviéndome sufría  algún cambio, si mi cuerpo reaccionaba, porque entonces yo no podía ni hacer mis necesidades. El primer día que los enfermeros  me sacaron al jardín para intentar que me moviera lo más posible,  lucía el sol y corría una brisa muy agradable. Para mí fue precioso y me sentí a gusto y feliz. Pasé un buen rato respirando el aire fresco, después de tanto tiempo internado en el hospital sin poder moverme.  

»Verás lo que pasó entonces. Estando fuera, sentimos un tremendo estruendo. El  personal empezó a correr, muy alarmado. Resulta que el techo de mi habitación se había venido abajo sobre mi cama, imagínate el revuelo. Todo el mundo pensaba que yo me había quedado bajo los escombros.

»Aquella fue la cuarta vez que me salvé de la muerte. Fue suerte, el destino, o mi ángel de la guarda… Después fui mejorando, mis padres fueron a Sevilla a visitarme y acompañado por un enfermero, fui a recibirlos a la estación. Aquel fue el día más feliz de su vida para mi madre, al verme caminar de nuevo apoyado en las muletas. Siempre me lo dijo.
Cuando por fin me licencié, el Ejército me concedió dos medallas: una por Mutilado de Guerra y otra por Sufrimiento por la Patria. Ya de vuelta a casa, procuré adaptarme a mi nueva situación.
               
»Tuve la suerte de encontrar en mi vida a mi mujer, Luisa, una mujer buena, decidida y desenvuelta; y de tener a mi hija Rosa y a mi nieta Susana. Hoy doy gracias por ellas y por la familia que tengo. ¡Bien,  David! Esto, a grandes rasgo, es un trozo de mi vida, porque habría mucho que contar.
 
–Gracias, Domingo, por tu relato, por el esfuerzo y la emoción que has puesto al recordar todo lo vivido. Te repito: ¡Gracias!
 
David partió  hacia su clase pensativo, reflexionando sobre todo lo que Domingo le había contado. Los hechos resultaban tan increíbles que, de no tener la confianza que tenía en su amigo, sin duda habría dudado de su veracidad.  David pensó entonces cuántos hombres guardarían en sus recuerdos otras historias inverosímiles de los años tan difíciles que vivieron durante la Guerra Civil.


 
Mercedes Ortiz


1.Publicado por Quisco el 29/03/2017 20:48
Me ha encantado y me ha emocionado, muchas gracias

2.Publicado por Loli Meroño el 09/05/2017 22:04
El relato es muy interesante y la escritora magnífica

3.Publicado por elizabethrboatright el 07/10/2017 09:31
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Yaiza Martínez
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En este blog se publican los textos escritos por las alumnas y alumnos del Taller de Escritura de El astrolabio. También comentamos los libros que estamos leyendo en nuestro Club de Lectura.


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