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​La recogida de la aceituna, un relato de Rosario Ascanio
Nací y me crie en el barrio más antiguo de mi pueblo, La Villa. Es un barrio con una historia muy antigua. Hace mucho tiempo, en él vivían las personas de más abolengo. Eso fue hasta que el pueblo se fue ampliando y los ricos se fueron yendo hacia lo nuevo. Entonces La Villa se quedó para la gente obrera y, como digo, ahí nací yo.

Smos cuatro hermanos. Mi madre se quedó viuda muy joven, mi padre vino enfermo de la guerra civil y poco tiempo después murió. Así que tanto mi hermana como yo tuvimos que trabajar desde muy jóvenes, (éramos las mayores de los cuatro). Mi hermana empezó a trabajar en las casas y yo, con doce años, ya estaba en la aceituna. Me pagaban cinco reales y mi trabajo era llevar agua a las cuadrillas. Cuando cumplí los deciséis ya iba al cortijo, con una canastilla debajo del olivo.

Nos llevaban en un carro tirado por un mulo. Era el carro de la jatería , en el que iba todo el jato que íbamos a necesitar: las mantas (si tenías), sabanas (esto era más difícil de llevar), las ollas, las cucharas, la ropa que tuvieras para el trabajo,las canastillas para la recogida y las jardas, que era lo que te iba a servir de colchón. Eso más o menos era el jato

Cuando llegabas te mandaban al desfán, que era un pajar. Allí tenías que llenar la jarda de paja, que te pasabas media noche sin dormir de lo que pinchaba. Allí mandaban a las mocitas. Los mocitos iban a otro lugar del cortijo. Después bajabas a la cocina y, entre cantos y risas, se iban colocando las pocas cosas que traías. También aprovechabas para coquetear y reírte con los hombres que  estaban por allí, esperando el bullijeo de las muchachas.

Nos hacia la comida la mujer del manijero, o bien una de las mayores que iba para estar al tanto de ese menester. Comíamos todos de la misma maceta, que así se le llamaba al lebrillo donde estaba la comida, y allí tenías que andar lista, que si no no comías. Lo primero que se perdía era el poco chorizo y tocino que había. Además, se comía con la orden de cucharada y paso atrás, que consistía en acercarse a la maceta de la comida, coger una cucharada y dejar paso a los que había detrás. Pero los más hambrientos (que éramos todos) se hacían los tontos y no se echaban atrás, así que si no espabilabas no probabas nada. Con razón dice el refrán “en un cortijo grande, el tonto muere de hambre".

Cada quince días venia el jatero desde el cortijo al pueblo a por ropa limpia, pan y tocino. Las muchachas que estaban trabajando en el cortijo, si no tenían novio o este no estaba con ellas, venían una vez al mes al pueblo. Cuando llegaba ese día, para terminar antes, le cantaban al manijero:

Manijero, nanijero, échanos el cristo temprano
que somos niñas de novio
y tenemos que arreglarnos.
El reloj del manijero es una papa cocía
1ue dice que son las seis
y son las siete corrías


El ultimo día ninguna cuadrilla quería que le tocara el último olivo, porque si no les hacían el abejorro, que consistía en rodearlos junto al olivo para hacer uh, uh, uh, uh al tiempo que iban pasando dándoles un manotazo.

Ese mismo día los trabajadores pedían al señorito que les diera el arremate. Todos se juntaban entonces y el señorito les regalaba una arroba de vino, la morcilla y el tocino del potaje que se iba a comer ese día. Era un día que pasaban si no llovía jugando al corro y cantando en el patio, o en la cocina cantando y contando historias y romances.


 

Redactado por Rosario Ascanio el Lunes, 4 de Marzo 2019 a las 19:10 | Comentarios
A la caza de los gamusinos, por Lola Arroyo
Tomás, Falete, Güily, Rafa, Sierri, Loles y Antonio conformaban un grupo de amigos de entre dieciocho y diecinueve años; una pandilla siempre con ganas de reír y de divertirse.  
     
Por aquel tiempo solían reunirse en el Paseo o en la calle Santa Ana, en casa de mis padres, donde yo vivía con mis padres, mi hermana Sierrita, su marido y sus hijas Mari y Sierri, que como he dicho pertenecía a la pandilla.

Allí estaban una tarde esperando que llegaran mis hijos,  Loles y Antonio, con sus primos franceses Louis y Poupée. Un poco más tarde llegó Robert, un sueco de madre egabrense. Una vez que estuvieron todos, a Tomás se le ocurrió la siguente idea: ir una noche a su huerta, a  cazar gamusinos. Todos dijeron que sí, y Louis preguntó:

 –¿Qué son los gamusinos? 

 –Son unos animalitos parecidos a los topos, que solo salen por la noche y se les suele ver porque a veces les brillan los ojos. En esa parte de los olivos suelen salir -le contestó Tomás. Falete va y dice:

 –¡Y fritos están riquísimos! 

Mi hermana, a la que también le gustaba la guasa, añadió:

 –Una vez que los tengáis cazados, me los dais para que yo los prepare y al día siguiente los fría, bien sazonados. 

Louis, que era muy pillín, se dio cuenta de que algo había de extraño en aquella historia, al ver como unos y otros se sonreían, pero se calló. Al siguiente día le preguntó a un familiar que qué eran los gamusinos, y el otro le contó la verdad. Louis no dijo nada a su hermana ni a Robert. Pero tampoco avisó a los demás de que ya sabía de qué iba la cosa.

Llegó la noche de ir de cacería y se fueron a la huerta de Tomás, que les dio unos sacos para meter los gamusinos que cazaran. Comenzó la cacería, y pasado un rato se oyó decir a Güily:

 –Ya tengo uno.

 –Yo llevo dos  –aseguró Falete. Rafa añadió:

 –Pues yo tengo cuatro.

Los demás aseguraron que ellos también habían cazado, aunque en realidad lo único que habían ido metiendo en los sacos eran terrones de tierra. De pronto, Robert dijo:

 –¡Mirad en ese olivo! ¡Ahí hay uno al que le brillan los ojos!

Todos se fueron a mirar. Poupée y Robert iban con los ojos muy abiertos, asombrados ante lo que estaba ocurriendo. Los demás se estaban aguantando la carcajada. Louis, por su parte, iba preguntándose que qué sería lo que habían tramado. De pronto, Tomás se bajó del olivo exclamando:

 –¡Ya no podía aguantar más, me estaba asfixiando de tanto dar caladas a los dos cigarros que tenía en la boca!

Todos, incluido Louis, rompieron a reír y les explicaron a los forasteros que lo ocurrido era una broma que se solía hacer cuando llegaba un forastero al pueblo. Louis confesó:

 –Yo ya lo sabía porque pregunté a un familiar y me lo dijo. Lo que pasa es que no se lo dije a mi hermana ni a Robert y tampoco a vosotros.

Poupée, enfadada, le dijo a su hermano:

 –¡Y tú en vez de enfadarte te ríes!

 –¡Porque me ha hecho mucha gracia lo de Tomás!  –se defendió Louis.

Poupée comenzó a hablar en francés con mucho genio y, como no entendían lo que decía, los demás le preguntaron a Louis:

 –¿Qué dice tu hermana?  –Louis les contestó:

 –Es mejor que no lo traduzca...

Robert, que se había creído lo de los gamusinos a pesar de todo sentenció:

 –Lo que pasa es que vosotros no queréis que yo los coma  –y se marchó muy enfadado.                                                                        
 

Redactado por Lola Arroyo el Sábado, 26 de Enero 2019 a las 19:28 | Comentarios
Imagen: EvegeniT. Fuente: Pixabay.
Imagen: EvegeniT. Fuente: Pixabay.
Amistad
 
 
Gracias, gracias,
Horacio, gracias.
Por tu acogida este día,
a mi llegada a tu casa
que también ha sido mía, 
por estar
siempre constante y atento
a que no me falte de nada.
 
Desde estos días a tu lado
para siempre llevaré en el alma
tu generosa amistad,
de tantos años guardada.
 
Gracias de nuevo,
repito,
por tus atenciones varias,
porque nunca
me ha faltado
ni un vaso fresco de agua. 


*



Recuerdo
 
Recuerdo hoy mi ayer,
dormido y muy bien guardado,
 
aquel amor que a mi vida
llego un día,
inesperado.
 
Como ciega, caminé
por senderos iluminados,
hasta que mi corazón estalló
de un zarpazo lacerado.


*


 Sorpresa   
 
Amanecer de lluvia,
sorpresa y sentimiento,
añoranza de canales
tamborileando al viento
sonidos que provocan
placer cuando despierto
por ver un nuevo día
para seguir viviendo.
Por el horizonte distingo
claros y nubes grises
que desparraman los vientos,
y dan luz al universo. 


 

Redactado por Mercedes Ortiz el Lunes, 26 de Noviembre 2018 a las 10:59 | Comentarios
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Blog de El Astrolabio
Yaiza Martínez
Yaiza Martínez
En este blog se publican los textos escritos por las alumnas y alumnos del Taller de Escritura de El astrolabio. También comentamos libros y noticias que nos interesen, y publicamos información sobre las Sabias y los Sabios de cada mes. En definitiva, aquí anotamos todo lo que nos parece que brilla.