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Relato de Lola Arroyo.


Lola Arroyo.
Lola Arroyo.
El profesor del Conservatorio de música de Córdoba se llamaba Octavio Gabilondo. Era un hombre guapo, alto, de pelo y ojos negros;  ojos profundos, dotados de cierto brillo. Gabilondo era muy inteligente y tenía un gran talento para la música. Prueba de ello es  que, siendo aún muy joven, ya era profesor de piano en el Conservatorio. Sin embargo, a la vez, era una persona muy tímida.
          
Vivía solo en la calle Alfonso XII. Su padre, como ingeniero industrial, vino a Córdoba a la empresa Electromecánica, allá por los años cincuenta. Se casó con una cordobesa de nombre Carmen, pero ambos tuvieron la desgracia de fallecer en accidente de viaje yendo hacia Bilbao, al sorprenderles una gran tormenta en Despeñaperros.

Esta desgracia afectó muchísimo a Octavio, que a partir de entonces se encerró en sí mismo y apenas salía de casa, solamente al Conservatorio. Este le quedaba muy cerca, pasaba por la Plaza de Capuchinos , D. León, cruzaba por las Tendillas y enseguida estaba allí.

En la esquina de D. León, había un kiosco propiedad de Benito, una persona  muy abierta y charlatana, y la única que lograba sacarle algunas palabras a Octavio cuando este acercaba a comprar el periódico. Solían hablar del trabajo, política o cuanto acontecía en la ciudad.

Una tarde, Benito le preguntó a Octavio: ¿Qué te ha ocurrido hoy que te veo con el semblante cambiado? Tus ojos brillan como hacía mucho tiempo  que no te brillaban, pareces hasta más joven.

Octavio le contestó: "Verás, Benito: Esta tarde, al terminar las clases, se me acercó una joven guapísima, alta, de pelo negro, aunque sus ojos eran azules y bellísimos. ¿Y sabes para qué? Me dijo: ¿Podría atenderme un momento por favor? Me llamo Claudia y necesito más que nada en el mundo reanudar mis clases de piano, que recibía en mi pueblo, pero que por motivos personales he tenido que dejar. La música y el piano para mí son mi vida e ilusión. Por favor, dígame que sí , que puede hacerlo, Piénselo esta noche y mañana me da su respuesta. Muchas gracias por haberme atendido tan amablemente. Quedé tan impresionado de su belleza y de la forma de pedirme las clases, que no articulé palabra".
         
Benito lo animó: "Dile que sí, a ella le gusta la música igual que a ti, podéis hacer una buena pareja. A mí me da la impresión de que te has enamorado de Claudia, tú necesitas una pareja no vivir solo, aunque luego te pase como a mí, que me casé, tengo dos hijos, el varón en Nueva York y mi hija Nieves en Valencia, y desde que murió mi esposa estoy solo. Es que los hijos son nuestros cuando son pequeños y necesitan de nuestros cuidados pero, una vez que se hacen mayores, son como los  pájaros, aprenden a volar, dejan el nido y no suelen volver, emprende una nueva vida, igual que hemos hecho todos".

Aquella noche, Octavio apenas si pudo dormir, no sabía qué hacer. Al día siguiente, cuando Claudia se acercó a preguntarle le dijo: "Claudia te daré clases una vez haya acabado con la de los alumnos".

Ella dio un salto de alegría, se acercó a él y le dio un abrazo. Octavio se quedó muy sorprendido, y a la vez que muy agradecido; hacía mucho tiempo que no había recibido una caricia.

Empezaron las clases y cuál sería su asombro al comprobar que Claudia, era una virtuosa del piano, sus dedos se deslizaban por las teclas como mariposa que revolotea de flor en flor.

Una tarde, al salir de clase estaba lloviendo, Claudia no tenia paraguas, Octavio sí, así que le dijo: ¿Te puedo acompañar, porque de la manera en que está lloviendo llegarás a tu casa empapada". Ella le contestó que sí.

Fueron por la calle Juan Valera, pasaron por la iglesia de Santa Victoria y en la calle Pompeya nº 21, donde vivía Claudia, ella le dio las gracias y entró en casa, y él se marchó a la suya.
    
Pero, cada día, Octavio se sentía más enamorado de Claudia, aunque no se atrevía a decírselo. Por fin se lo confesó de la forma que mejor sabía: compuso una sonata y la tituló “Declaración de amor”.

Al comenzar la clase ese día, le entregó la partitura y le dijo: "La he compuesto yo, quiero que la toques y me des tu parecer, al terminarla, me dices si  te gusta o no".
             
Claudia, comenzó a tocar la sonata, y en cada nota sentía una gran emoción, era como si alguien al oído le hablase de amor. Al terminar de tocar la sonata, le dio media vuelta al taburete, se quedó mirando a Octavio y le dijo que sí, que ella sentía por él un gran amor. Se levantó y se unieron en un gran abrazo.

El profesor de piano
II
       
Octavio visitó pronto a Olga, que así se llamaba la madre de Claudia. Olga recibió una gran alegría, al ver que el profesor parecía una gran persona.               Esa tarde, Olga le contó por qué se encontraban en Córdoba y los motivos:
           
"Yo soy rusa igual que mis padres, rusos judíos. Mi padre se llamaba Samuel y mi madre Esther. Al estallar la revolución rusa y tras el asesinato del Zar Nicolás y su familia, los bolcheviques rojos ordenaron matar a militares , cargos políticos y económicos , a judíos y familia. Un decreto nos desposeyó de la nacionalidad rusa. Mis padres pudieron conseguir un pasaporte de la Sociedad de Naciones, y logramos salir de SanPersteburgo. Hasta llegar a Europa pasamos muchísimas  vicisitudes que íbamos solucionando con las joyas de mi madre. Por fin llegamos a París.

≥ En París mis padres tenían amigos de cuando estuvieron estudiando en la Universidad de la Sorbona. Se pusieron en contacto con uno de ellos que siempre había tenido correspondencia con él, y este le consiguió vivienda y, pasado un tiempo, trabajo. Pasamos unos años muy buenos, hasta, que llegó la invasión nazi a Francia y de nuevo los judíos fueron perseguidos. Tuvimos que exilarnos otra vez, ahora hacia España.

≥Con la ayuda de un grupo de españoles  que tuvieron que huir, al final de la guerra civil española, pasamos la frontera por los Pirineos, fuimos acogidos en un pueblo pequeño de Huesca. Era un pueblo en el que no tenían médico; mi padre como médico ejercía su trabajo de vez en cuando, unas veces le pagaban con dinero y otras veces con comida.

≥Un día que mi padre tuvo que ir a la capital para pedir la nacionalidad y asuntos de su trabajo, vio en la oficina, en una revista, un artículo en el que se referían a un Instituto de enseñanza muy antiguo, de más de doscientos años. Pensando en mis estudios y que a él le gustaba más un pueblo que la capital decidió ir a él. Le pidió parecer a mi madre y a ella le pareció muy bien.

≥Emprendimos así viaje hacia Andalucía. Al llegar al pueblo, este nos gustó muchísimo, se veía un pueblo alegre, lleno de sol (todo lo contrario del de Huesca, casi siempre nublado o lloviendo). Nos hospedamos en una pensión que había cerca del instituto, hasta que encontramos una casa pequeña pero muy soleada.

≥Terminé mis estudios,  hice amigas y un día que era fiesta en el pueblo y estaba con mis amigas en el Casino, vi entrar al hombre más guapo que había visto en mi vida, moreno, alto, con una sonrisa encantadora. Se acercó a nuestro grupo, mi amiga Julia nos presentó, hablamos, bailamos, y quedamos en salir al día siguiente y al otro también. Así nos fuimos enamorando y terminamos casados.

≥Fue un matrimonio muy feliz, nació Claudia, que fue la felicidad completa, fueron unos años muy bonitos, ver crecer a nuestra hija tan bonita, inteligente y con una pasión muy grande por la música. También en el trascurso de los años murieron mis padres .Ellos vivieron muy contentos de ver lo bien que estábamos todos y de ver crecer a su nieta a la que adoraban. Rafael, como se llama mi marido, era una persona encantadora, hasta que se aficionó al juego de las cartas en el Casino. Tenía varias fincas y casas, pero todo lo fue perdiendo por culpa del juego, y como ya no tenía nada más que jugar, me jugó a mí, y perdió.
     
≥Todo lo fui soportando porque lo quería pero, al enterarme de lo ocurrido, después que tantas veces que le había rogado que dejase el juego por el bien de todos y no me hizo caso, esto último fue muy grande y doloroso para mí y, llena de pena, dolor y rabia a la vez, decidí alejarme de él.
            
≥Hablé con Claudia, le conté lo sucedido y le dije: coge algo de ropa, tus objetos más queridos y de más valor que nos vamos de esta casa. Por mediación de mi amiga Julia, (que es como una hermana que nunca tuve) encontré esta casa, pero el piano también se quedó en la casa que se había perdido con el juego.       Por eso Claudia fue a pedirle le diera clases porque lo pasa muy mal sin poder hacer lo que más le gusta: tocar el piano."
      
Octavio le contestó: "Pues desde hoy mismo no tiene porque ir al Conservatorio, puede hacerlo en mí casa, que espero pronto sea suya, ya que deseo con todo mi corazón casarme con ella".

Empezaron los preparativos de la ,y un día Claudia le dijo a su madre: "Mamá te voy a pedir una cosa. Sé que te va a doler, porque tienes toda la razón del mundo, es que el día de mi boda, esté presente mi padre, incluso que sea mi padrino".  Olga accedió con todo dolor de su corazón, pues no quería que ese día nada empañase la felicidad de su hija.
        
Por noticias de Julia, Olga sabía de Rafael, que lo estaba pasando muy mal, suerte que un primo suyo le dio trabajo y una casa que tenia vacía. Rafael había envejecido mucho.
     
La boda se celebró, fue bonita, sencilla e íntima, solo asistió a ella la familia más cercana, Julia y Benito. Después, los novios emprendieron viaje por varias ciudades europeas.
       
Olga y Rafael se quedaron solos. Rafael le pidió perdón a Olga de todo el daño que le había hecho a ella y a Claudia, y reconoció que todo cuanto estaba pasando lo tenía bien merecido.
       
Olga le contestó: "Te perdono todo cuanto mal  nos hiciste a Claudia y a mí, pero ahora vivo muy tranquila, no echo de menos lujos ni riquezas, con lo que gano dando clases de francés voy viviendo, no necesito nada más. Me da pena verte envejecido y enfermo, pero todo esto te lo buscaste tú por culpa del juego, nunca me hiciste caso a cuanto te decía, pero que sepas que contigo no volveré jamás".


 

Redactado por Lola Arroyo el Jueves, 5 de Enero 2017 a las 08:26 | Comentarios
Christine de Pizan y "La ciudad de las Damas", en el Club de Lectura de El astrolabio

Este mes, en el Club de lectura de El astrolabio, estamos leyendo "La ciudad de las damas", de Christine de Pizan (1364-1430), considerada la primera escritora profesional de la historia.

El próximo uno de febrero comentaremos esta obra en nuestra reunión mensual.

Aunque escrita en la Edad Media, "La ciudad de las damas" sorprende por su actualidad, pues aborda temas como la violación, la igualdad de sexos, el acceso de las mujeres al conocimiento, etc.

Este hecho la convierte en una obra capital para la historia de las mujeres y para el pensamiento occidental.

Apasionante lectura que os recomendamos. La matriculación para nuestro Club de Lectura sigue abierta...

Redactado por El astrolabio el Miércoles, 4 de Enero 2017 a las 09:30 | Comentarios
Blog de El Astrolabio
Yaiza Martínez
Yaiza Martínez
En este blog se publican los textos escritos por las alumnas y alumnos del Taller de Escritura de El astrolabio. También comentamos los libros que estamos leyendo en nuestro Club de Lectura.