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Vida y obra de Wislawa Szymborska

Viernes, 26 de Mayo 2017

Wislawa Szymborska.
Wislawa Szymborska.
La poeta, ensayista y traductora Wisława Szymborska nació en Kórnik (Polonia) en 1923, pero a los 8 años se mudó a la ciudad de Cracovia, donde vivió hasta su muerte en 2012. De niña recibió una esmerada educación, y de mayor comenzó a cursar estudios universitarios de Lengua y Literatura Polaca y Sociología, estudios que no pudo acabar por problemas económicos.

En sus años universitarios, empieza a publicar poesía en periódicos y revistas. Luego, entre 1968 y 1981 mantuvo una columna de crítica en la revista Vida Literaria.

Publica su primer poemario en 1952. Más tarde, repudiaría sus dos primeros libros publicados Por eso vivimos y Preguntas a mí misma (1954), por considerarlos apegados al realismo socialista, pues la autora fue miembro del comunista Partido Obrero Unificado Polaco, del que con el tiempo se iría distanciando.

Ya en su poemario Llamada al Yeti (1957) Wislawa rompe definitivamente con los preceptos del régimen. Fue a juego con su contexto: A partir de aquel año en Polonia, como en otros países, se inició un fuerte movimiento de rechazo a la imposición soviética y al doctrinarismo comunista, en forma de rebeldía nacionalista.

Szymborska optó por la reflexión filosófica y ética, tomó distancia de los debates, y se volcó en su peculiar humor y en sus indagaciones poéticas sobre el espíritu humano.

Traductora de obras literarias del francés, perteneció a la Unión de Escritores y la Asociación de Escritores, y obtuvo numerosos honores y premios, entre los que destaca el Premio Nobel de Literatura en 1996. Otros galardones recibidos fue el Premio del Ministerio de Cultura de Polonia (1963), el Premio Goethe (premio literario alemán de alto prestigio) en 1991 o el Premio Herder (premio de prestigio internacional, dedicado a la promoción de la investigación, arte y literatura) en 1995.

Sobre su vida, nos cuenta Carmen Anisa en el blog De nada puedo ver el todo, se ha publicado en español la biografía escrita por Anna Bikont y Joanna Szczęsna, que en su idioma fue publicada por primera vez en 1997. La propia poeta dio el visto bueno a esta biografía que se titula Tratados, recuerdos (Pretextos, 2015).

Os recomiendo el artículo de Anisa, muy interesante. En él se habla de los escritores que admiraba Szymborska, como el ensayista francés Montaigne, los poetas Rilke y Cavafis o el escritor alemán Thomas Man. 

Y también de otras cosas que interesaban de los libros a la poeta, algo más extrañas o poco usuales, como los índices, las notas al pie de página y las citas.
Wisława Szymborska también tenía sentía una debilidad por los trastos y recuerdos (de ahí el nombre de la biografía), y por los objetos kitsch, los objetos raros “traídos de sus viajes al extranjero, o las cosas viejas buscadas a propósito en los mercadillos”. En sus Lecturas no obligatorias escribía: “El Kitsch cuanto peor es, tanto mejor, es decir, más divertido”. Además veía Dinastía, la famosa serie de televisión de los años 80.

Por otro lado, le gustaban los animales, pero no tenía mascotas. Le fascinaban los monos –algunos protagonizaron poemas como “Los dos monos de Brueghel”–, aunque, cómo les confesó a sus biógrafas, no sabía decir por qué, sigue contando Anisa.

En lo personal,  siempre estuvo muy unida a su padre, hasta su muerte en 1936, a los sesenta y seis años y a su única hermana Nawoja, que murió en 1997. Se casó dos veces. En 1948, con Adam Wlodek, poeta, traductor y crítico literario. Se divorciaron en 1954, pero siempre mantuvieron una gran amistad.

A finales de los años 60, comienza su relación sentimental con el escritor Kornel Filipowicz, una relación que se prolongará hasta la muerte de este en 1990. Algunos críticos han hablado sobre la influencia de Kornel Filipowicz en la importancia que va adquiriendo en la poesía de Wisława Szymborska “la sensación de infinidad del mundo y el convencimiento de que todo es importante” (así ve ella los granos de arena).

Características generales de su obra

Wislawa Szymborska publicó 13 libros en toda su vida. A partir de los años 60, estos poemarios se convirtieron en grandes acontecimientos literarios, recibidos con admiración por el público y la crítica. Según explicaba la propia autora en su biografía, Wisława Szymborska empezó escribiendo para sí misma cuentos cortos que se fueron haciendo más cortos, hasta que uno llegó a convertirse en un poema.

En general, según los críticos, Szymborska tiende a despojar su poesía de gravedad retórica. Para ello, recurre al distanciamiento intelectual y emocional por medio del humor, presente en casi todos sus libros. También hace un uso frecuente del lenguaje coloquial y de la sencillez.

Consideraba la escritura poética como una “lucha”, en la que el poeta debía enfrentarse con la hoja en blanco, sentado ante el escritorio, en soledad, escribiendo muchas líneas que luego tiraba. Trabajaba cada palabra; cada frase mucho. Y le daba una gran importancia al ritmo, la música del verso.

Otro de los rasgos de su obra es su facultad para desvelar lo insólito a través de los hechos y los fenómenos aparentemente más insignificantes y cotidianos.
Por otro lado, su poesía muestra una visión de la sociedad pesimista y amarga, en la que los individuos solo cuentan con la lucidez y la ironía para afrontar sus situaciones. Pero también es una poesía que muestra un gran amor a la vida.

Porque Wisława Szymborska era una poeta optimista y vital, consciente de que estamos aquí por un tiempo, y debemos permanecer despiertos, sentir la curiosidad ante lo que nos rodea, el asombro ante lo más insignificante, nos explica Carmen Anisa en otro artículo del mismo blog en el que habla de otra antología de la autora: Saltaré sobre el fuego, de Nórdica Libros (2015).

De hecho, el amor es un tema esencial en la poesía de Wisława Szymborska, aunque ella nunca cae en el sentimentalismo. Así, de su relación con el escritor Kornel Filipowicz surgen poemas como “Amor feliz”: “Que la gente que no conoce un amor feliz/ afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio./ Con esa creencia le será más llevadero vivir, y también morir”.

Tras la pérdida del ser amado, Szymborska escribirá poemas tan estremecedores como “Un gato en un piso vacío” o “Despedida de un paisaje”, en el que recuerda un lugar donde estuvieron y donde imagina que ahora están otros, “unos no nosotros”, contemplando el mismo paisaje:

Una cosa no acepto.Volver a ese lugar. Renuncio al privilegio de la presencia. Te he sobrevivido suficiente y solo lo suficiente como para recordar desde lejos.

Sobre Lecturas no obligatorias

Quiero hacer un comentario a la única obra en prosa de Szymborska . La autora publicó multitud de críticas y ensayos en la revista antes mencionada, Vida Literaria, que era un conocido semanario polaco de literatura y cultura, y en otras revistas como Pismo u Odra.

Asimismo, a partir de 1993, escribe breves piezas en prosa en Gazeta Wyborcza, un importante periódico polaco. Lecturas no obligatorias es una recopilación de estos textos aparecidos durante décadas en dicho medio.

La propia autora no considera estos artículos reseñas literarias, sino  comentarios a obras que normalmente no acaparaban la atención del crítico. Obras que pasaban desapercibidas, pero que más tarde se habían convertido en éxitos de ventas, según explica el prologuista de Lecturas no obligatorias, Manel Bellmunt Serrano.     

Estas críticas también tienen la ironía típica de la autora y tocan libros sobre muy diversos temas, como biología, arqueología, historia, geología, botánica, psiquiatría, gastronomía... 

En ellas aparece de nuevo asimismo la visión de la autora sobre el ser humano, al que consideraba capaz de lo maravilloso y lo abominable; y su visión de la naturaleza, característicamente anti-romántica y anti-mística: “para ella, la naturaleza (…) posee una existencia propia, independiente y material. Y su manera de acercarse a ella (…) se abraza al empirismo, a la concreción y a lo observable: los nombres, las ideas y las concepciones que normalmente le atribuimos a la naturaleza no son más que el resultado de nuestra conciencia”, nos dice Bellmunt.

Libro altamente recomendable porque en él, del mismo modo que sucede en la poesía de la autora, se aprenden multitud de matices y sentidos de la vida a través de un finísimo y humorístico análisis, que abarca múltiples capas de la realidad al mismo tiempo. Prima aquí, como en la poesía de Szymborska, una exquisita mezcla de humor y sagacidad; de escepticismo y profunda fe hacia la vida. La mejor literatura es siempre la que es capaz de mostrar las paradojas de la vida sin mencionarlas de manera explícita. Eso hace Wislawa Szymborska.

Sobre Paisaje con grano de arena

El libro que hoy nos ocupa, Paisaje con grano de arena (Lumen, 1997) es la primera antología de la poesía de Wislawa Szymborska que se publicó en España. Reúne cien poemas de diversos libros de la autora.

En él vemos cómo la poesía de Wisława Szymborska se enmarca en el contexto de los autores supervivientes del cataclismo de la segunda guerra mundial y de la dictadura estalinista de la posguerra (Zbig-niew Herbert, Tadeusz Rózewicz, Wislawa Szymborska, Mirón Biaíoszewski, Stanisíaw Grochowiak y Czesíaw Miíosz).

En este sentido, la poesía de Wisława Szymborska es, como la de otros poetas de su país, una reflexión sobre la civilización europea, los acontecimientos de aquella época, sobre la barbarie y el genocidio; sobre las ideologías que acaban sometiendo a los pueblos con dureza y crueldad. Pero no solo, como veremos más adelante.

¿Qué tipo de poesía puede situarse a la altura de semejante tarea reflexiva y nominativa? “Una poesía en que las palabras se refirieran a la realidad”, nos explica Jerzy Síawomirski en el prólogo de este libro.

Para ilustrar su afirmación, Síawomirski cita dos versos de la propia autora: : “... no hay preguntas más apremiantes / que las preguntas ingenuas”. En la poesía de WS, como sucede con algunos de sus contemporáneos “no hay más universo que el que podemos contemplar en nuestra experiencia cotidiana” y, al mismo tiempo “el universo se manifiesta y se ofrece a la contemplación hasta en los fenómenos más corrientes de una vida ordinaria” (como los granos de arena).
De esta concepción, el título de este libro “Paisaje con grano de arena, (que) hace pensar en la famosa frase de Wi-lliam Blake: El universo cabe en un grano de arena.

Empieza la antología con poemas del libro Llamando al Yeti (1957) El primero de los poemas es Los dos monos de Brueghel, como hemos dicho, a Szymborska le encantaban los monos. El poema dice así (miramos imagen cuadro).

Los dos monos de Brueghel
 
Así es mi gran sueño del examen de reválida: dos monos atados con cadenas, sentados en la ventana, el cielo revolotea tras los cristales y el mar se baña. Me examino de historia de la gente. Tartamudeo y me atasco. Un mono clava en mí su mirada y aguza irónico el oído, el otro finge dormitar, y, en el silencio que sigue a la pregunta, me sopla la respuesta con un débil tintineo de cadenas.
El segundo libro recogido en esta antología es Sal (1962), seguido de ¡Qué monada!  (1967), Acaso (1972) y El gran número (1976), que es el libro en el que aparece el poema que da título a la antología:
 
Paisaje con grano de arena

Lo llamamos grano de arena. Pero él no se llama a sí mismo ni grano ni arena. Prescinde de nombre común, individual, fugaz, duradero, erróneo o adecuado. Indiferente a nuestra mirada, al tacto. No se siente ni visto ni tocado. Y si cae en el alféizar de la ventana la vivencia es nuestra, no suya. A él tanto le da donde caer sin la certeza de estar cayendo o de haber caído ya. Desde la ventana hay una bella vista sobre el lago, pero esta vista no es capaz de verse a sí misma. Incolora, informe, inaudible, inodora e indolora vive en este mundo. El fondo del lago nunca toca el fondo, sus orillas no tienen orillas. Sus aguas no se mojan ni tampoco se secan. Las olas no se sienten singulares ni plurales. Susurran sordas a su susurro entre piedras ni pequeñas ni grandes. Y todo sucede bajo un cielo de por sí inceleste, donde el sol se pone sin ponerse nunca y sin ocultarse se oculta tras una nube inconsciente, que el viento alborota por el mero impulso de soplar. Transcurre un segundo. Otro segundo. Un tercer segundo. Pero son sólo nuestros tres segundos. El tiempo ha volado cual mensajero con una noticia urgente. Pero sólo es un símil por nosotros elaborado. Personaje inventado, atribuida la prisa, inhumana la noticia.

Para terminar la recopilación, sigue a este libro, Fin y principio (poemario de 1993). Por tanto, esta antología no recoge, además de los dos primeros libros de la autora antes mencionados, otros cuatro: De la muerte sin exagerar (1996), Instante (2002). Dos puntos (2004) y Hasta aquí (2009).

A pesar de ello, nos permite hacernos ya una idea bastante veraz de la poesía de WS. En general, nos encontramos en este libro una poesía solo aparentemente sencilla, y que suele describe situaciones cotidianas.

Así que en ella confluyen dos elementos: el humor y la profundidad. También hay un elemento rítmico muy potente, que traspasa incluso la traducción al castellano, y que se nota al leer. Es esa fuerza rítmica (a la que, como hemos dicho al inicio de la exposición, WS daba especial importancia) lo que denota que la poeta vierte una gran cantidad de atención y conciencia en cada cosa que escribe.

La poesía de Wisława Szymborska está cargada de sabiduría, de una observación a la realidad desde una perspectiva muy humilde, de la humildad que da la conciencia de ser como un grano de arena. Pero ese grano de arena está cargado de significación, aunque también parezca insignificante.

Es en las cosas pequeñas donde se detecta la inmensidad y la grandeza de la vida. El humor ayuda a penetrar en las cosas, a acercarse a ellas para conocerlas. Bajo el filtro del humor, la autora hace aún más “pequeñas” las cosas, en una aparente banalización que, merced al lirismo que produce al mismo tiempo en cada una de sus composiciones, nos permite acercarnos más a ellas, para finalmente darnos de bruces con su grandeza.

Me estoy acordando ahora de cómo Mercè Rodoreda achacaba el éxito de su novela La plaza del diamante a una mezcla de “banalidad y lirismo”. Ambas autoras coinciden en este aspecto: nos adentran en lo banal y, finalmente, capa a capa, acaban haciendo aparecer la complejidad de la vida, lo sagrado de la vida en todo. Esa paradoja de la vida solo aparece en las grandes obras de la literatura y del arte. Da la medida de la capacidad de Wisława Szymborska.

A pesar de todo, la acompaña la humildad en su labor como poeta, tan enorme. Si leemos estas palabras, extraídas de su Discurso del Nobel lo constatamos una vez más: “(…) estimo altamente estas dos pequeñas palabras: ``no sé''.

Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta (…) También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente no sé. Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria”.

Esa actitud de “no sé” conlleva la perpetua capacidad de fascinarse, de asombrarse. Por eso, en el mismo discurso, WS añade: “A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad de platicar con Eclesiasté, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: ``Nada hay nuevo bajo el sol'', has escrito, Eclesiastés. Sin embargo, Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también es nuevo bajo el sol, ya que antes de Ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que Tú no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual”.

Insignificancia y profundidad. Nada nuevo y todo nuevo. Resignación y vitalismo. Al fin y al cabo, la vida, con la que esta grandísima poeta nos acompaña.

Wisława Szymborska en Cracovia, 2011.
Wisława Szymborska en Cracovia, 2011.
DISCURSO del NOBEL, WISLAWA SZYMBORSKA, 1997.

Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase... Pues ya la dije... Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más fácil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis.
 
El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso -o más bien principalmente- de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta -como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas.
 
En las encuestas o en los encuentros con amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al término genérico ``escritor'' o al de alguna otra profesión que adicionalmente ejerza. El empleado público o los eventuales compañeros de viaje reciben con cierta perplejidad e inquietud la noticia de que están tratando con un poeta.
 
Sospecho que los filósofos también producen semejante inquietud. No obstante, ellos se encuentran en mejor situación, ya que generalmente pueden adornar su profesión con algún grado académico. Profesor de Filosofía -ya suena mucho más serio.
 
No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma.
 
Recordemos que justamente ésta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky, orgullo de la poesía rusa, quien más tarde fue galardonado con el Premio Nobel. A Brodsky se le clasificó como ``parásito'', por no contar con un certificado oficial que le permitiera ser poeta... Hace un par de años tuve el honor y la alegría de conocerlo en persona. Me di cuenta de que solamente a él, entre todos los poetas que he conocido, le gustaba llamarse a sí mismo ``poeta''; pronunciaba esta palabra sin conflictos internos y hasta con cierta desafiante desenvoltura. Pienso que se debía al recuerdo de las violentas humillaciones que sufrió en su juventud.

En países más dichosos, donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico.
 
Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafernalia: capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.
 
Hay algo que resulta muy característico. Continuamente se filman películas biográficas sobre grandes científicos y artistas. La tarea de los directores más ambiciosos es mostrar en forma verosímil el proceso creativo que condujo a importantes descubrimientos científicos o a la creación de grandes obras de arte.
 
Se puede, con aceptables resultados, mostrar el trabajo de algunos científicos: laboratorios, instrumentos diversos y aparatos puestos en marcha logran por unos momentos mantener la atención de los espectadores. Además, resultan muy dramáticas las escenas de suspenso, cuando un experimento repetido miles de veces logró dar finalmente, merced a una mínima modificación, con el resultado tan esperado.
 
Espectaculares pueden ser las películas sobre pintores, ya que es posible reconstruir todas las fases de creación de un cuadro -desde la primera raya hasta la última pincelada. Las películas sobre los compositores se llenan con su música: desde los primeros compases, que el creador escucha en su interior, hasta la obra madura ya terminada y repartida entre varios instrumentos. Todo sigue siendo muy ingenuo y no dice nada sobre el extraño estado de ánimo que se conoce comúnmente como inspiración, pero por lo menos hay algo para ver y oír.

El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada_ ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?

 
He mencionado la inspiración. A la pregunta de qué cosa es, suponiendo que algo sea, los poetas contemporáneos responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de este impulso interior, más bien se debe a otra causa: no es fácil explicar a los demás algo que ni siquiera se comprende bien.

Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo ``no lo sé''.

La gente así es bastante escasa. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja porque necesita conseguir los medios de subsistencia, trabaja porque no le queda de otra. No fueron ellos quienes por pasión escogieron su trabajo, son las circunstancias de la vida las que escogen por ellos. El trabajo mal querido, el trabajo que aburre, es respetado únicamente porque no resulta accesible para todos, y está situación constituye una de las más penosas desgracias humanas. No se vislumbra que los siglos venideros traigan un cambio feliz al respecto.
 
Así pues, tengo derecho a decir que aunque le estoy escamoteando a los poetas el monopolio de la inspiración, de cualquier manera los coloco en un grupo reducido de elegidos por la suerte.

En este punto pueden surgir ciertas dudas en los oyentes, si consideran que a los diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Cierto, pero ellos sí ``saben''. Saben, y lo que saben una sola vez les basta para siempre. Ya no tienen curiosidad por saber más, puesto que podría debilitarse su fuerza de argumentación. De modo que cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida. En casos extremos, como es bien conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente amenazador para las sociedades.

Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: ``no sé''. Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta. Si Isaac Newton no se hubiera dicho ``no sé'', las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi compatriota María Sklodowska-Curie no se hubiera dicho ``no sé'', probablemente se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero siguió repitiéndose ``no sé'' y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda constante.

 
También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente no sé. Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas La Obra.

A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad platicar con Eclesiastés, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: ``Nada hay nuevo bajo el sol'', has escrito, Eclesiastés. Sin embargo, Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también es nuevo bajo el sol, ya que antes de Ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que Tú no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás ``ya he escrito todo, no tengo nada que añadir''. Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande como Tú.


El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él, espantados por su inmensidad y nuestra impotencia ante él, amargados por su indiferencia frente a los sufrimientos particulares de la gente, de los animales y tal vez de las plantas -ya que ¿de dónde proviene la certeza de que las plantas están libres de sufrimientos?-; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios atravesados por la radiación de las estrellas, alrededor de las cuales se empieza a descubrir algunos planetas -¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe-; a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: es asombroso.

Pero en la expresión asombroso se esconde una trampa lógica. Nos causa asombro lo que sobresale de la norma conocida y comúnmente aceptada, de una obviedad a la cual estamos acostumbrados. Pues bien, un mundo así, obvio, no existe. Nuestro asombro es autónomo y no procede de ninguna comparación de ningún tipo.

De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como la vida común, los acontecimientos comunes... Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.

 
Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo.


© The Nobel Foundation

Obras de Wisława Szymborska traducidas al castellano
 
  • Paisaje con grano de arena, antología, trad. Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski; Lumen, Barcelona, 1997
  • El gran número. Fin y principio y otros poemas, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia, Xaviero Ballester, Elzbieta Bortkiewicz, David Carrión, Calors Marrodán y Katarzyna Moloniewicz; Hiperión, Madrid, 1997
  • Lecturas no obligatorias (Lektury nadobowiązkowe, 1992), prosa; traducción de Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona, 20094
  • Instante (Chwila, 2002), trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Igitur, Tarragona, 2004
  • Poesía no completa, antología, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia, con una introducción de Elena Poniatowska ; Fondo de Cultura Económica, México, 2002 (2ed. 2008, con actualización bibliográfica)
  • Dos puntos (Dwukropek, 2005), trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Igitur, Tarragona, 2007
  • El gran número (Wielka liczba, 1976), Hiperión, Madrid, 2008
  • Poemas escogidos, antología, trad. Ángel Zuazo López; La Habana, Unión de escritores y artistas de Cuba, 2008
  • Amor feliz y otros poemas (Miłość szczęśliwa i inne wiersze, 2007), antología, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Bid & co. editor, Caracas, 2010
  • Aquí (Tutaj, 2009), trad. Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia; edición bilingüe, Bartleby, Madrid, 20095
  • Antología poética (1945-2006). Traducción de Elzbieta Bortklewicz. Visor Libros, Madrid, 2015.


 
Yaiza Martínez

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En este blog se publican los textos escritos por las alumnas y alumnos del Taller de Escritura de El astrolabio. También comentamos los libros que estamos leyendo en nuestro Club de Lectura.